Manifiesto del yogī
Yo soy aquel que ha aquietado la mente,
cuyos remolinos se han disuelto en la calma.
El yoga es mi senda: detener las olas del pensamiento,
y en ese silencio reconocer al Ser Supremo.
No camino solo: a los pies del maestro aprendí,
pues la luz se transmite de corazón a corazón.
He visto la mente como río turbulento,
pero también como fuerza que puede ser contenida.
Sé que los sentidos son puertas abiertas al mundo,
y que el placer y el dolor son cadenas de igual peso.
Por eso renuncio a ambos,
pues busco lo eterno, no lo efímero.
He comprendido que la naturaleza se teje
con tres hilos: sattva, rajas y tamas.
Mas yo, yogī, me elevo más allá de ellos,
pues no soy la urdimbre, sino el testigo.
Mi mente se concentra en un punto: dhāraṇā.
Fluye sin interrupción: dhyāna.
Se disuelve en absorción: samādhi.
Primero con soporte, luego sin soporte,
hasta que no queda objeto ni sujeto,
sólo el Ser en sí mismo.
Y así, libre de los guṇāḥ,
he alcanzado el kaivalya:
soledad sagrada, independencia absoluta,
plenitud que nada puede atar.
- Poema por Maximiliano A. Pellotta, basado en la «Yogasāra Upaniṣad».
- Imagen: idea y concepto del autor realizada con I.A.

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