COMENTARIO 4 - En la comprensión contemporánea de la meditación, la mente suele ocupar el centro de la escena: observar pensamientos, entrenar la atención o alcanzar estados de calma se presentan como los objetivos principales. El cuerpo, en ese marco, aparece reducido a un soporte funcional. El haṭha yoga cuestiona de raíz esta perspectiva al proponer que la meditación no comienza en la mente, sino en el cuerpo y en la energía, y que el silencio que emerge no es un logro psicológico, sino un efecto fisiológico profundo.
Lejos de ser una preparación preliminar para otras vías consideradas «superiores», los textos clásicos del haṭha yoga lo presentan como un camino completo y autónomo. Obras como la Haṭha Pradīpikā muestran que la transformación corporal‑energética no prepara la meditación, sino que la produce. Cuando estos textos hablan de rāja yoga, no aluden necesariamente a un sistema distinto, sino a un estado de absorción que surge cuando el cuerpo‑energía ha sido reorganizado de manera radical.
Uno de los principios centrales del haṭha yoga es la relación directa entre prāṇa y mente. Según esta tradición, el movimiento mental no se aborda de forma directa: no se combate ni se observa. Se trabaja sobre el flujo energético, y la mente responde como efecto. Desde esta lógica, intentar meditar directamente sobre la mente equivale a intervenir sobre un síntoma; la raíz se encuentra en la regulación del prāṇa.
Esta concepción alcanza su expresión más extrema en la noción de amanaska, la «no‑mente». No se trata de inconsciencia ni de vacío psicológico, sino de la cesación espontánea de la mente discursiva cuando el prāṇa se estabiliza en el eje central del cuerpo. La meditación, aquí, no es un acto voluntario, sino un estado que ocurre cuando las condiciones corporales están dadas.
Los textos describen que este silencio emerge cuando la energía deja de circular por los canales laterales y se establece en suṣumṇā. La respiración se vuelve sutil, la percepción del tiempo se altera y la mente entra en un silencio no producido por concentración. Prácticas como mudrā y bandha cumplen un rol decisivo al sellar y dirigir la energía, creando las condiciones para una absorción prolongada sin esfuerzo mental.
Desde esta perspectiva, el haṭha yoga propone un silencio distinto: no cognitivo, sino fisiológico. No es inferior ni preliminar, sino simplemente otro modo de transformación. En un contexto cultural obsesionado con técnicas mentales, esta tradición recuerda que la meditación no siempre pasa por comprender más, sino por encarnar de otro modo, hasta que es el cuerpo mismo el que medita.
Por Maximiliano A. Pellotta
COMENTARIO 3 - Vamos a tratar nuevamente el tema āsana. Empezaremos visitando el texto fundamental del yoga: los Yoga Sūtras. Patañjali solo dedica tres aforismos a este tema, II.46 al II.48. Analicemos que dicen y cuales son sus implicancias, y luego abordaremos también el āsana en los tratados de haṭha yoga.
Para comenzar es necesario aclarar que el término āsana, en el contexto de Patañjali, significa «asiento», en referencia a una posición firme para la meditación. En el sūtra II.46 se establece la definición por excelencia de lo que implica el āsana: «la postura es estable y cómoda». Esta definición breve pero significativa, implica que āsana más que referirse a una posición o postura en particular, se refiere a un estado de consciencia que integra cuerpo, respiración y mente. La referencia a que la postura debe ser estable (sthira), implica la voluntad y la energía necesarias para mantener el cuerpo erguido e inmóvil por períodos largos de introspección, concentración y meditación. La estabilidad es requisito para que la práctica no se vea interrumpida. El otro factor es la comodidad (sukha), lo cual lleva a la estabilidad. Si la postura es cómoda, la práctica será fácil y placentera, y el cuerpo no sufrirá ninguna perturbación.
Ahora bien ¿Cómo logramos esto?, el siguiente aforismo (II.47) nos da las pautas y metodología: la maestría se logra relajando el esfuerzo, la tensión y la inquietud, mediante la meditación en lo infinito. La relajación en el āsana (cualquiera que esta sea) se logra a través de la respiración, proyectando la misma para disolver toda tensión e inquietud y generar así espacio y comodidad. La actitud meditativa a la que se refiere el aforismo es clave para mantener un estado de presencia y atención, y disolver así toda identificación del ego con el cuerpo. De esta manera, el āsana se transforma en una experiencia gozosa y extática.
En el último aforismo (II.48) sobre āsana se revela el resultado: el yogi se vuelve imperturbable ante los pares de opuestos. Al alcanzar este estado, el yogi queda libre de toda dualidad, de toda agitación mental y corporal, y queda allanado el camino hacia las prácticas superiores de absorción meditativa. Pero para lograr este estado sin perturbaciones, debe tenerse en cuenta que āsana es el tercer miembro del método yoga, debiendo el practicante establecerse antes en los dos primeros: yama y niyama, las normas éticas y regulativas, que serán las bases de un estado de equilibrio y ecuanimidad.
¿Qué sucedió más tarde con la sistematización del haṭha yoga? Patañjali como vimos, se centró en la postura final, el āsana más avanzado: el de meditación. El haṭha yoga por su lado, se centró en una tecnología compleja del cuerpo y las energías, todo lo cual facilitará la preparación para el āsana de Patañjali. El haṭha yoga tiene por objetivo transformar, modificar y ajustar el cuerpo, para incrementar la capacidad energética y lograr así la firmeza corporal y la estabilidad mental.
Por medio de diversos āsanāni y otras técnicas asociadas, se fortalece el cuerpo, se lo purifica y se incrementa su capacidad energética y vibratoria. Una vez logrado un āsana estable, el haṭha yoga pasa a trabajar con el nivel energético y la transformación vibracional del practicante o adepto, incorporando el prāṇāyāma, accediendo así al control del aliento y por medio de ello de las energías y la manipulación deliberada y segura del prāṇa (fuerza vital). Las posturas complejas preparan la musculatura respiratoria y estabilizan la columna vertebral para que el practicante pueda concentrarse exclusivamente en la modulación del prāṇa, el verdadero objetivo del haṭha yoga.
En conclusión, Patañjali establece el objetivo, un estado de estabilidad interna sin esfuerzo: sthira sukham, mientras que el haṭha yoga desarrolló la función, una tecnología corporal rigurosa para hacer que ese estado sea una realidad fisiológicamente alcanzable. El propósito fundamental de āsana es preparar el vehículo humano (cuerpo y mente) para los estados superiores de conciencia que conducen a la liberación. La clave para la práctica moderna reside en la integración de estos dos enfoques.
Por Maximiliano A. Pellotta
COMENTARIO 2 - Popularmente, se tiene la errada idea de que la práctica de yoga consiste en hacer posturas físicas exóticas, acrobacias varias y contorsionismos, y por más que en los tiempos actuales existe mucha y variada información sobre esta disciplina, increíblemente sigue primando este concepto e idea: que el yoga es un estilo de gimnasia para gente flexible, joven y atlética. Claro está, y claro es, que esto es lo más alejado a la realidad de lo que el yoga es, y de lo que implica el yoga, pero esta es la imagen que se difunde y vende en el mercado y en el mundo de las redes sociales. ¿Pero el yoga sólo consiste en realizar algunos ejercicios físicos y posiciones posturales, o implica algo mucho más rico y profundo, y que nada tiene que ver con el estado físico y la edad de quien lo practica?... Vamos a ahondar un poco en ello.
El yoga, en principio, no es āsana. No se trata sólo de āsana. Los āsanāni son una tecnología utilizada con un propósito específico dentro de esta disciplina, junto con otras muchas técnicas asociadas que hacen al conjunto de lo que llamamos yoga. La práctica de este aspecto del yoga implica una serie de posturas y ejercicios cuya única finalidad es la purificación del cuerpo, y consecuentemente de la mente, y el trabajo con las energías sutiles. La práctica de yoga es psicofísica. Los āsanāni nunca tuvieron como objetivo, ni tampoco fueron concebidos, como entrenamiento físico, gimnástico, acrobático, como tampoco terapia para el bienestar, recreación, deporte, competición o actividad lúdica.
Los āsanāni, y sus técnicas asociadas como bandha, mudrā, kriyā, tienen por objeto, como ya se dijo, el trabajo sobre las energías, los órganos y sistemas del cuerpo, para así preparar el complejo cuerpo-mente para las prácticas internas y sutiles: dhārana, dhyāna, kuṇḍalinī, samādhi. Fueron concebidos para trascender el aspecto burdo, físico y mental, y acceder al plano sutil del Ser y la Consciencia.
En el yoga, a diferencia de la gimnasia, la práctica implica la consciencia, la atención, la concentración, el control del cuerpo y la respiración, el no esfuerzo o el esfuerzo sin esfuerzo, la relajación y la quietud, y también el movimiento consciente. La fuerza, flexibilidad, elongación, estilización, buena salud, etc., no es el objetivo, pero sí es un subproducto de la práctica. Lo que se quiere decir aquí con esto, es que, por medio de la purificación, control y conquista del cuerpo y la respiración, se accede al control, la quietud y la pacificación de la mente y el plano emocional. Entonces, llegados a este punto, es donde comienza el verdadero yoga, la verdadera práctica del yoga.
El objetivo del yoga es psíquico y espiritual, no físico. Se ocupa en principio de la mente para luego tener acceso al plano espiritual y de la consciencia. Maharishi Patañjali dice en los Yogasūtras: «yogaś cittavṛttinirodhaḥ», significa que el yoga comienza por aquietar las fluctuaciones de la mente. Sumergiendo la mente en el silencio tomamos contacto con la dimensión profunda del Ser. El yoga nos da las herramientas para salir de la modalidad de la ignorancia, el error y la oscuridad (ira, codicia, miedo, egoísmo, lujuria... etc) y nos coloca en la modalidad de la Consciencia (amor, verdad, conocimiento, felicidad). La Bhagavad-gītā dice: «yoga es equilibrio». Para lograr este equilibrio o armonía, el yoga comienza con āsana y pāṇāyāma junto con la adopción de yamaniyama, que son las observancias y regulaciones que pondrán nuestras actividades, relaciones y entorno en armonía, para así continuar avanzando y profundizando en el sendero del yoga.
Recapitulando, los āsanāni y pāṇāyāma-s purifican cuerpo y mente, eliminan los bloqueos del cuerpo y las tinieblas de la mente para que prāna, la energía sutil y vital, fluya sin obstáculos y se alcance el estado de consciencia expandida. Estando en equilibrio, armonía y salud, en cuerpo y mente, podemos comenzar la verdadera práctica: antaranga sādhana, la práctica interna. Ahí comienza el yoga, el vínculo del Ser Real (espiritual) con el plano trascendental. No hay ningún esoterismo en esto, la clave está en que realices yoga desde la respiración (prāna) y no desde los músculos y articulaciones, desde la calma y la relajación, y no desde la fuerza y la tensión, desde la conciencia y no desde la mente y el ego. Lograr el siddhi, o perfección en āsana, es conquistar una postura estable y cómoda, que pueda mantenerse por largo tiempo, sin perturbaciones, y poder así trascender el cuerpo, luego la mente, y acceder entonces a la meditación y los profundos estados de interiorización y absorción que conducen a samādhi, la meta del yoga.
Āsana entonces, es sólo una de las técnicas básicas para avanzar en el yoga, y no es la meta, ni el objetivo, complejizar su práctica ni estancarse en ello. El āsana es apenas el principio...
por Maximiliano A. Pellotta
COMETARIO 1 - Bajo ningún concepto podemos confundir yoga con entrenamiento físico o simple gimnasia, o como ejercicios que modelan la figura, o como un entretenimiento, terapia para el bienestar o escapismo de nuestras frustraciones. La pregunta es: ¿Por qué decidimos iniciarnos en yoga? Y la única respuesta posible es: porque nuestro corazón y espíritu claman sedientos de Verdad, Consciencia, Felicidad, Trascendencia e Infinitud. Porque buscamos entender el propósito de la existencia y hallar el sentido de la vida, y el yoga tiene esas respuestas. Debemos entender la finalidad real del yoga, y entregarnos a su proceso revelador y transformador. Al iniciarnos en sus métodos y prácticas, es cierto que no todo será un lecho de rosas, también estarán las espinas, habrá momentos buenos y otros no tanto, pero no debemos huir a la primera señal de que en nuestro interior se está gestando un movimiento de apertura, purificación y liberación. Debemos mantenernos firmes, fuertes y decididos, para limpiar cada capa de nuestro Ser y abrirnos a la Verdad y la Realidad. No vinimos al mundo para vivir como animales o zombis que gastan sus días solo en la complacencia de los sentidos y narcisistas vanidades. No estamos acá solo para trabajar, consumir, ser "exitosos" o acumular cosas que no necesitamos, o títulos inservibles; la vida es mucho más rica y profunda. Lo único que llenará tu vacío interior es el Ser, no el tener... el yoga es maravilloso, nos colma de felicidad, armonía, bienestar, sabiduría, bienaventuranza y realización. El yoga es el jarabe tónico perfecto para los tiempos que corren.
Pero cuidado, también el yoga ha sido tergiversado en ciertos ámbitos y sectores, y ha sido víctima de las modas, del consumo trivial y frívolo, y de las deformaciones más absurdas "creadas" y patentadas por personalidades narcisistas, megalómanas, con falsos egos exaltados y mal situadas en todos los aspectos de la vida, y del yoga sobre todo.
Debemos volver a la esencia, a las fuentes, a las raíces, y recuperar el verdadero yoga y su finalidad, el yoga de los YOGIS, no el "yoga" de los contorsionistas de las redes sociales, el "yoga" de los deportistas de campeonatos de posturas, el "yoga" del merchandising, el "yoga" de los "maestros" de circo, el "yoga" de los teóricos del absurdo y en fin, hay un largo etcétera lamentablemente. Volvamos al YOGA, busquemos la YOGA.
por Maximiliano A. Pellotta
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