VIVE TU EXPERIENCIA YOGA!

¡VIVE TU EXPERIENCIA YOGA! Te invitamos a experimentar el yoga, es una fabulosa disciplina, sistema, y método integral y holístico, que transforma cuerpo, mente y consciencia, desarrollando tu máximo potencial. Podemos definir al yoga como "sarvāṅga sādhana", una práctica para todo el cuerpo basada en técnicas psicofísicas. También es "antaraṅga sādhana", una práctica interna, para trascender la mente por medio de la concentración y la meditación. El yoga nos lleva así a la salud del cuerpo, la serenidad de la mente, la paz del espíritu y la plenitud de la vida.

sábado, 10 de octubre de 2026

EL YOGA EN EL CAMPO DE BATALLA: LA VIÁ DE LA LIBERACIÓN EN EL MAHABHARATA por Maximiliano A. Pellotta

«Aquello que se encuentra aquí se encuentra en otras partes. Aquello que no se encuentra aquí no se encuentra en ninguna parte.» — Mahābhārata  

Cuando pensamos en el yoga clásico, nuestra mente suele dirigirse casi de inmediato a los Yogasūtras de Patañjali o, en su defecto, a las prácticas ascéticas desarrolladas en el medievo indio. Sin embargo, mucho antes de que el yoga fuera codificado como un sistema filosófico estricto (darśana), sus raíces ya latían con fuerza en el corazón de la literatura épica de la India.

El Mahābhārata, el poema épico más extenso de la humanidad, no es solo un relato dinástico o una épica; es una auténtica enciclopedia espiritual. Y aunque su sección más célebre, la Bhagavad Gītā, es considerada con justicia uno de los tratados fundamentales del yoga, reducir la presencia de esta disciplina en la épica únicamente al diálogo entre Kṛṣṇa y Arjuna sería empobrecer enormemente su alcance.

Para comprender el yoga en su estado más vital, orgánico y plural, debemos adentrarnos en el duodécimo libro de la épica: el Śāntiparva, y más específicamente, en el Mokṣadharma.



El loto y la flecha: El contexto del Mokṣadharma

El contexto narrativo en el que se despliega el Mokṣadharma es, por sí mismo, una profunda lección filosófica. La devastadora guerra de Kurukṣetra ha terminado. Yudhiṣṭhira, el rey victorioso, se encuentra sumido en una crisis existencial, abatido por el peso de la violencia, la muerte de sus familiares y la aparente futilidad del poder. En busca de consuelo y verdad, acude a Bhīṣma, el venerable patriarca que yace agonizando sobre un lecho de flechas (śaraśayyā).

Es en este escenario de dolor y transición donde el yoga cobra su verdadero sentido. No surge como una vía de evasión del mundo para ascetas aislados, sino como una respuesta lúcida al sufrimiento, la impermanencia y la responsabilidad moral.

En las enseñanzas de Bhīṣma, el yoga se presenta como un camino integral. El objetivo no es abandonar la vida, sino habitarla desde un nuevo estado de conciencia. A través del principio de niṣkāmakarma (la acción desinteresada), el practicante aprende a vivir en el mundo sin ser manchado por él, del mismo modo que —utilizando una de las metáforas más hermosas de la tradición— «la hoja del loto no es mojada por el agua».


Un proto-yoga plural y teísta

Si comparamos el yoga del Mokṣadharma con el sistema clásico de Patañjali, encontramos diferencias fascinantes. Mientras que los Yogasūtras proponen una arquitectura técnica estricta y dualista —orientada al aislamiento radical de la conciencia (kaivalya)—, el Mahābhārata nos ofrece un «proto-yoga» fluido, ecléctico y profundamente inclusivo.

En la épica, confluyen diversas corrientes tempranas del sāṃkhya, el vedānta y la devoción teísta. Por ejemplo, frente a los 25 principios constitutivos de la realidad (tattvas) que postula el sāṃkhya clásico, el Mokṣadharma introduce frecuentemente un 26º principio: una deidad suprema o sustrato último (a menudo identificado con Nārāyaṇa). La meta última (mokṣa) no es siempre el aislamiento del alma, sino el despertar cognitivo que permite a la conciencia fundirse con lo Absoluto.


La mente, la meditación y la ética radical

El Mokṣadharma absorbe la sabiduría de las Upaniṣad antiguas y la aplica a la psicología del practicante. El texto insiste en que la mente es un arma de doble filo, haciéndose eco del célebre axioma upanishádico: «La mente es la causa de la esclavitud del ser humano, y la mente es también la causa de su liberación».

La meditación (dhyāna) es descrita no como la búsqueda de poderes místicos, sino como un recogimiento sistemático y silencioso. El practicante debe retraer los sentidos hacia la mente, la mente hacia el intelecto (buddhi), y finalmente establecer el intelecto en el ātman (el Sí-mismo).

Pero este refinamiento cognitivo no ocurre en el vacío. El Mahābhārata subraya implacablemente que no hay realización espiritual sin una base ética sólida, situando a la no violencia (ahiṃsā) en la cúspide de la disciplina interior:

«Ahiṃsā es la virtud más alta; ahiṃsā es el autocontrol más alto; ahiṃsā es el regalo más grande; ahiṃsā es el mayor sacrificio; ahiṃsā es la mejor fuerza; ahiṃsā es el mejor amigo; ahiṃsā es la mayor felicidad; ahiṃsā es la verdad más alta...» — Mahābhārata
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Aquí, la ahiṃsā trasciende la mera abstención de daño físico para convertirse en una purificación mental constante, una expresión directa de una conciencia que ha reconocido la unidad subyacente de toda la vida.


El arte de vivir en el conflicto

El Mahābhārata nos ofrece una visión del yoga profundamente realista. Nos recuerda que la renuncia externa (saṃnyāsa) es inútil si la mente sigue atada al deseo. La verdadera renuncia es interna (tyāga), y el verdadero campo de batalla no es Kurukṣetra, sino la propia mente humana.

El yoga, tal y como se preserva en esta obra monumental, no es una técnica que se practica una hora al día sobre una esterilla. Es una disciplina del ser, un arte de vivir y una herramienta indispensable para sostener el discernimiento y la compasión en medio de un mundo complejo y, a menudo, doloroso.

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