VIVE TU EXPERIENCIA YOGA!

¡VIVE TU EXPERIENCIA YOGA! Te invitamos a experimentar el yoga, es una fabulosa disciplina, sistema, y método integral y holístico, que transforma cuerpo, mente y consciencia, desarrollando tu máximo potencial. Podemos definir al yoga como "sarvāṅga sādhana", una práctica para todo el cuerpo basada en técnicas psicofísicas. También es "antaraṅga sādhana", una práctica interna, para trascender la mente por medio de la concentración y la meditación. El yoga nos lleva así a la salud del cuerpo, la serenidad de la mente, la paz del espíritu y la plenitud de la vida.

martes, 3 de febrero de 2026

EXPLORANDO EL GHERANDA SAMHITA por Maximiliano A. Pellotta

El Gheraṇḍa Saṁhitā, conocida también como el Compendio de Gheraṇḍa, es un tratado fundamental de la tradición del haṭha yoga, cuya composición se sitúa generalmente en el siglo XVII. Constituye una obra de referencia ineludible para el estudio de las prácticas corporales, energéticas y meditativas del yoga premoderno, ofreciendo una exposición sistemática de sus principios, métodos y fundamentos filosóficos.

El texto adopta la forma de un diálogo didáctico entre el sabio Gheraṇḍa y su discípulo Caṇḍa Kāpālī, quien es progresivamente introducido en los secretos del haṭha yoga. Esta estructura dialogal, común en la literatura sánscrita, permite articular la enseñanza como una transmisión viva, gradual y adaptada a la capacidad del practicante.


Estructura del texto

El Gheraṇḍa Saṁhitā presenta el sistema del saptāṅga yoga, o yoga de los siete miembros, una vía progresiva que aborda de manera integral los distintos aspectos de la práctica y de la vida espiritual. Estos siete miembros están organizados de forma lógica y ascendente, guiando al adepto —el sādhaka— desde las prácticas de purificación corporal y energética hasta las técnicas de absorción meditativa y la realización del samādhi, considerado el objetivo último del yoga.

El saptāṅga yoga se compone de:

  • kriyā — purificación
  • āsana — fortalecimiento y estabilidad corporal
  • mudrā — sellos energéticos y estabilización
  • pratyāhāra — retraimiento y pacificación sensorial
  • prāṇāyāma — regulación del aliento y ligereza vital
  • dhyāna — percepción y contemplación
  • samādhi — aislamiento y absorción plena
Desarrollo de los miembros 

Kriyā

El tratado se abre con la exposición de las kriyā, prácticas de purificación destinadas a limpiar el cuerpo físico y los canales energéticos (nāḍī). Estas técnicas —entre las que se incluyen procedimientos como dhauti, basti, neti, naulī, trāṭaka y kapālabhāti— tienen como finalidad eliminar impurezas, equilibrar los humores corporales y preparar al practicante para disciplinas más sutiles. En la Gheraṇḍa Saṁhitā, la purificación no es un aspecto accesorio, sino el fundamento indispensable de todo el proceso yoguico.

Āsana

Este capítulo presenta una amplia gama de posturas corporales (āsana), concebidas no solo como ejercicios físicos, sino como medios para estabilizar el cuerpo, fortalecerlo y hacerlo apto para la práctica prolongada. El texto describe los beneficios específicos de cada postura, así como las condiciones y precauciones necesarias para su correcta ejecución, subrayando la relación entre postura, respiración y concentración.

Mudrā

Las mudrā son descritas como sellos corporales y energéticos que permiten dirigir, contener y sublimar la energía vital. Este capítulo explora distintas mudrā clásicas del haṭha yoga, destacando su función en la estabilización de la mente, el control del prāṇa y el despertar de potencialidades latentes.

Pratyāhāra

El pratyāhāra se presenta como el proceso de retraimiento de los sentidos respecto de sus objetos. A través de esta práctica, el yogui aprende a reducir la dispersión sensorial y a establecer una atención interiorizada, condición necesaria para el desarrollo de la concentración y la meditación profunda.

Prāṇāyāma

Aquí se detallan diversas técnicas de regulación del aliento (prāṇāyāma), consideradas esenciales para la purificación de los canales energéticos y la correcta circulación del prāṇa. La respiración es entendida como un vínculo directo entre cuerpo y mente, capaz de transformar los estados psíquicos y vitales del practicante.

Dhyāna

Se presentan diversas técnicas de meditación (dhyāna) orientadas a aquietar la mente y a establecerla en un estado de atención sostenida. La meditación es concebida como un proceso de refinamiento perceptivo que conduce gradualmente a la disolución de las fluctuaciones mentales y a la claridad cognitiva.

Samādhi

Este capítulo se adentra en la experiencia del samādhi, descrita como un estado de aislamiento (kaivalya) y absorción plena, en el que la conciencia se libera de sus condicionamientos habituales. El samādhi representa la culminación del camino yoguico y la realización del propósito último de la práctica.

Filosofía y enseñanzas

El Gheraṇḍa Saṁhitā no se limita a ofrecer instrucciones técnicas, sino que transmite una visión integral del ser humano. En su núcleo, enfatiza la disciplina (tapas), la constancia y la auto indagación como medios indispensables para la realización espiritual.

Una de sus enseñanzas centrales es la interdependencia entre cuerpo, mente y conciencia. El texto sostiene que la purificación y el equilibrio de estos niveles son condiciones necesarias para el despertar espiritual, y que el cuerpo, lejos de ser un obstáculo, es un instrumento privilegiado en el camino del yoga.

Asimismo, la obra propone un enfoque holístico de la práctica, que abarca la alimentación, el estilo de vida, la conducta ética y la actitud mental, integrando la disciplina yoguica en todos los ámbitos de la existencia.

Relevancia contemporánea

A pesar de haber sido compuesta hace varios siglos, el Gheraṇḍa Saṁhitā continúa siendo una fuente de inspiración y orientación para practicantes y estudiosos del yoga en la actualidad. Su enfoque sistemático, su profundidad técnica y su visión integral del ser humano la convierten en un texto de gran valor en un contexto moderno marcado por la fragmentación y la aceleración.

En síntesis, el Gheraṇḍa Saṁhitā es mucho más que un manual de prácticas: es un compendio de sabiduría tradicional que ofrece un mapa detallado para el viaje interior del ser humano hacia el conocimiento de sí mismo. Seguir sus enseñanzas con discernimiento y constancia puede abrir el camino hacia una experiencia de claridad, plenitud y realización espiritual.

domingo, 1 de febrero de 2026

YOGA TERAPÉUTICO: ACOMPAÑAR EL PROCESO NATURAL DE SANACIÓN por Maximiliano A. Pellotta

Hablar de yoga terapéutico o yogaterapia implica, ante todo, cambiar la manera habitual en que entendemos la salud y la curación. No se trata simplemente de aplicar técnicas para aliviar un síntoma, sino de acompañar a una persona en un proceso más amplio, que involucra su cuerpo, su mente, su historia y su modo de vivir en el mundo. La yogaterapia surge precisamente de esta mirada integradora, donde la práctica del yoga se pone al servicio de la comprensión y transformación del sufrimiento humano.

En toda situación terapéutica confluyen al menos tres elementos fundamentales. Por un lado, la persona que busca ayuda, con sus condiciones físicas, emocionales y mentales particulares. Por otro, el terapeuta, que no es solo alguien con conocimientos técnicos, sino alguien dispuesto a escuchar, observar y acompañar desde una comprensión profunda del yoga. Finalmente, la terapia misma, que no es una técnica aislada, sino el espacio vivo que se crea cuando estos dos aspectos interactúan de manera consciente.

Para que este proceso sea verdaderamente eficaz, el yogaterapeuta necesita comprender qué le sucede a la persona, cuál es su perturbación y, en la medida de lo posible, cuál es su origen. Aquí aparece una pregunta clave: ¿Qué significa realmente «curar»? ¿Es suficiente con eliminar un síntoma para que alguien se sienta mejor, o la curación implica algo más profundo?

En un primer nivel, toda terapia tiene un aspecto paliativo. Aliviar el dolor, reducir una molestia, generar un estado de mayor comodidad es necesario y valioso. Cuando una persona sufre, encontrar alivio inmediato mejora su calidad de vida y le permite recuperar cierta estabilidad. Sin embargo, este alivio suele ser transitorio. Si la causa del problema no se aborda, el síntoma tiende a reaparecer, a veces con mayor intensidad.

Por eso, la yogaterapia no se detiene en el alivio momentáneo. Su segundo nivel es verdaderamente curativo: busca trabajar sobre la raíz del sufrimiento. Esto implica preguntarse qué factores están generando o sosteniendo el problema. En el caso de un dolor de espalda, por ejemplo, no basta con indicar algunas posturas que reduzcan la molestia. Es necesario observar hábitos posturales, tensiones emocionales, tipo de actividad física, nivel de estrés, descanso, alimentación y hasta la manera en que la persona se relaciona con su entorno.

A este enfoque se suma un tercer aspecto fundamental: la prevención. La yogaterapia no solo intenta resolver un problema actual, sino ofrecer herramientas para que ese estado de sufrimiento no se repita en el futuro. Educar a la persona para que comprenda su propio funcionamiento y pueda cuidarse a lo largo de la vida es una responsabilidad central del terapeuta. En este sentido, la yogaterapia es también un proceso educativo: no se trata solo de «tratar» un problema, sino de acompañar a alguien en el aprendizaje de una relación más consciente consigo mismo.

Este enfoque exige considerar múltiples factores. Cada persona tiene una constitución particular, tendencias genéticas, una edad determinada, un contexto social y laboral específico. No es lo mismo abordar un desequilibrio en un adolescente que en una persona mayor, ni tratar a alguien con una vida sedentaria que a quien trabaja bajo presión constante. Por eso, la yogaterapia es necesariamente holística: reconoce que en todo problema intervienen varios factores y que no siempre es posible conocerlos todos, pero sí muchos de ellos.

Desde la perspectiva del yoga, existe en cada ser humano una capacidad natural de autorregulación y sanación, vinculada a la energía vital o pránica. El rol del yogaterapeuta no es «curar» en un sentido externo, sino crear las condiciones para que ese poder curativo inherente pueda actuar. Dicho de otro modo, se trata de eliminar los obstáculos que impiden que los procesos naturales de equilibrio se manifiesten.

En este contexto, el concepto de nāḍī śuddhi resulta central. La purificación de los canales por donde circula la energía vital es un proceso dinámico de vitalización. Cuando estos canales están bloqueados (aśuddhi), la energía no fluye adecuadamente y aparecen desequilibrios. Cuando se produce la purificación (śuddhi), el fluir se vuelve limpio y natural, y la vitalidad se restablece. Patañjali describe este proceso como el resultado de una práctica sostenida y consciente de los distintos elementos del yoga, realizada con presencia y continuidad (anuṣṭhāna).

Toda práctica de yoga, cuando se realiza con atención y constancia, tiene un efecto purificador. A medida que los bloqueos se disuelven, los procesos vitales se reorganizan y la conciencia se vuelve más clara. Esta claridad no solo permite una mejor salud física y mental, sino que abre la posibilidad de una comprensión más profunda de uno mismo. Solo cuando el cuerpo y la mente funcionan de manera armónica es posible indagar en aquello que tradicionalmente se denomina espíritu.

Desde esta perspectiva, restablecer la salud no es el único ni el último objetivo de la yogaterapia. La mejora en la calidad de vida es importante y, para muchas personas, suficiente. Sin embargo, el horizonte del yoga es más amplio: apunta a una comprensión más profunda del ser. Aunque no todos los pacientes estén interesados en este aspecto, el terapeuta necesita tener clara esta meta para orientar su trabajo con coherencia.

El ser humano no puede separarse de su entorno. Es cuerpo y mente, pero también es naturaleza y sociedad. Lo que sucede en el mundo afecta directamente su equilibrio interno. Textos como la Bhagavad Gītā reflexionan sobre la acción en el mundo y ofrecen claves para actuar sin ansiedad ni frustración. El yoga aparece allí como un método para evitar el sufrimiento innecesario, no retirándose de la vida, sino viviéndola con mayor conciencia.

En este sentido, la yogaterapia considera al menos cuatro aspectos fundamentales de la vida cotidiana: una alimentación adecuada —no solo en cantidad, sino en calidad y actitud—, una actividad física equilibrada, una actividad mental saludable y un ritmo adecuado entre sueño y vigilia. Estos factores influyen directamente en el equilibrio de los guṇa-s y, por lo tanto, en la salud integral.

Las prácticas del yoga actúan profundamente sobre la mente a través del cuerpo y la respiración. El āsana no solo flexibiliza o fortalece, sino que modifica la manera en que respondemos a los conflictos. Las tensiones emocionales suelen expresarse primero en el cuerpo: músculos que se contraen, respiración que se agita, posturas que se rigidizan. Prácticas como śavāsana enseñan a soltar estas tensiones y a reconocer cómo el cuerpo refleja los estados mentales.

El prāṇāyāma ocupa un lugar central en este proceso, ya que la respiración es el puente entre cuerpo y mente. Las emociones se expresan a través del ritmo respiratorio, y al aquietar la respiración, la mente también se aquieta. Cuando la mente se estabiliza, se vuelve posible la concentración y, con ella, una transformación más profunda.

El verdadero cambio terapéutico ocurre cuando se actúa sobre la mente, utilizando el cuerpo y la respiración como aliados. Por eso, la yogaterapia produce efectos físicos y fisiológicos —relajación muscular, regulación de la presión arterial, mejora del sistema nervioso—, pero su impacto más profundo se da en el plano mental, donde suelen originarse muchos de los desequilibrios.

Finalmente, es importante recordar que el tiempo de contacto directo con el terapeuta es limitado. Una sesión semanal puede orientar y acompañar, pero la verdadera práctica ocurre en la vida cotidiana. Lo que la persona come, cómo se mueve, cómo piensa, cómo descansa y cómo se relaciona con su entorno es tan importante como lo que sucede durante la sesión. La yogaterapia, en última instancia, es una invitación a integrar mente, cuerpo y sociedad en un proceso consciente de cuidado y transformación.

domingo, 25 de enero de 2026

HATHA YOGA: EL ARTE DE PREPARAR EL CUERPO Y LA MENTE PARA LA CONSCIENCIA por Maximiliano A. Pellotta

Cuando hoy se habla de haṭha yoga, suele pensarse en una práctica física orientada al bienestar, la flexibilidad o la relajación. Sin embargo, esta imagen moderna apenas roza la profundidad de una tradición mucho más antigua y compleja. El haṭha yoga no nació como un sistema de ejercicios, sino como una vía de transformación integral que utiliza el cuerpo como puerta de acceso a estados más sutiles de conciencia.

Sus raíces se hunden en tiempos muy anteriores a los textos clásicos. Las evidencias arqueológicas de las civilizaciones del valle del Indo, como las figuras halladas en Mohenjo Daro y Harappa, muestran posturas que evocan claramente actitudes yóguicas. Una de las imágenes más conocidas representa a una figura identificada posteriormente como śiva paśupati, sentado en una postura estable y meditativa. No es casual que, en la tradición posterior, śiva sea considerado el arquetipo del yogi, el maestro primordial del yoga. Estas prácticas, probablemente pre-arias y en parte aborígenes, fueron asimiladas y reelaboradas dentro del marco de la cultura védica, donde el yoga aparece vinculado al dominio de la energía vital y al refinamiento de las fuerzas de la naturaleza. 

En sus formas más antiguas, el yoga fue concebido como una técnica para intensificar la vitalidad y ampliar las capacidades humanas. El haṭha yoga heredó este impulso y lo desarrolló de manera sistemática, introduciendo métodos precisos para regular el cuerpo, la respiración y la energía. En este sentido, el haṭha yoga puede entenderse como una tecnología del cuerpo sutil, diseñada para interactuar conscientemente con los procesos naturales que nos constituyen.

Esta orientación explica su estrecha relación con la tradición tántrica. El tantra, en sus múltiples expresiones —śaiva, śākta, vaiṣṇava, budista y jaina—, concibe el cuerpo como un campo legítimo de realización espiritual. Lejos de rechazar la experiencia corporal, la utiliza como soporte para el despertar de la conciencia. El haṭha yoga surge precisamente en este contexto, alimentado por los tantras śaiva y śākta, y recibe un impulso decisivo a partir del linaje de los nātha yogis, especialmente desde figuras como matsyendranātha y gorakṣanātha. En ellos, la práctica corporal, la respiración y la meditación forman una unidad inseparable.

El propio término haṭha refleja esta riqueza de significados. A lo largo del tiempo, la palabra fue interpretada de diversas maneras: como fuerza, como ausencia de esfuerzo, incluso con connotaciones ambiguas en textos antiguos. En la tradición de los nātha yogis, sin embargo, adquiere un sentido simbólico preciso: ha representa al sol y ṭha a la luna. Esta unión no es meramente poética. El sol y la luna aluden a dos corrientes fundamentales de energía que recorren el cuerpo, asociadas a las nāḍī piṅgalā e iḍā, y también a los movimientos de prāṇa y apāna. El haṭha yoga busca armonizar estas polaridades, integrarlas y conducir su energía hacia un eje central.

Desde esta perspectiva, el cuerpo humano es concebido como una red dinámica de canales energéticos. Los textos tradicionales hablan de miles de nāḍī que se entrecruzan y forman centros de convergencia llamados cakras. El estado físico, emocional y mental de una persona depende en gran medida de cómo fluye la energía vital a través de estos canales. Cuando el flujo se ve perturbado, aparecen desequilibrios que pueden manifestarse como tensiones corporales, alteraciones fisiológicas o conflictos mentales. El haṭha yoga se ocupa precisamente de restaurar ese flujo natural.

El proceso central para lograrlo es la purificación de las nāḍī, conocida como nāḍī śuddhi. A través de prácticas específicas —kriyā, āsana, prāṇāyāma y mudrā— se eliminan bloqueos, se regula el tono muscular, se armonizan los ritmos internos y se estabiliza el sistema nervioso. No se trata de un ajuste mecánico, sino de un proceso gradual que requiere constancia y sensibilidad. A medida que el equilibrio entre iḍā y piṅgalā se establece, se facilita el pasaje de la energía por suṣumṇā, el canal central, considerado clave para los estados superiores de conciencia.

El objetivo último de este trabajo no es simplemente la salud, aunque esta sea una consecuencia natural. El haṭha yoga prepara el terreno para un cambio profundo en la experiencia de la conciencia, tradicionalmente descrito como el despertar de kuṇḍalinī. Este despertar no debe entenderse como un fenómeno espectacular, sino como una reorganización interna que da lugar a un estado de mayor claridad, estabilidad y bienestar profundo.

En este punto se vuelve clara la relación entre haṭha yoga y rāja yoga. Lejos de ser sistemas opuestos o independientes, representan etapas complementarias de un mismo proceso. El haṭha yoga actúa como una base, una escalera que permite acceder al estado de absorción profunda conocido como samādhi. El rāja yoga no es una técnica distinta, sino el resultado natural de una práctica bien integrada. Cuerpo, respiración y mente se alinean para que la conciencia pueda recogerse en sí misma sin obstáculos.

Durante el siglo XX, esta tradición comenzó a ser observada desde una mirada científica. Investigadores en fisiología, medicina y psicología se interesaron por los efectos concretos de las prácticas del haṭha yoga. Los primeros estudios sistemáticos buscaron explicar su funcionamiento en términos de regulación orgánica, sistema nervioso y equilibrio psicofísico. Con el tiempo, se acumuló evidencia sobre sus beneficios en sistemas como el cardiovascular, respiratorio, digestivo y neuroendocrino, así como en el manejo del estrés y los trastornos psicosomáticos. Estas investigaciones no agotan el sentido del haṭha yoga, pero ayudan a comprender por qué sus prácticas resultan tan eficaces en el contexto de la vida moderna.

Durante mucho tiempo, el haṭha yoga fue malinterpretado como una disciplina meramente física o como una práctica inferior frente a formas más «espirituales» de yoga. Sin embargo, visto en su contexto adecuado, aparece como un soporte fundamental para cualquier camino de desarrollo interior. Su fuerza reside en la integración: cuerpo, mente y conciencia no se trabajan por separado, sino como aspectos de una misma realidad.

Esta cualidad integradora explica también su utilidad en contextos religiosos diversos. Aunque sus técnicas no son religiosas en sí mismas, ofrecen una base psicofisiológica sólida para la meditación, común a todas las tradiciones espirituales. En este sentido, el haṭha yoga puede funcionar como un lenguaje compartido, capaz de sostener una síntesis más amplia entre distintas formas de búsqueda interior.

Mirando hacia el futuro, el haṭha yoga se presenta como una disciplina con una notable capacidad de adaptación. Su carácter experiencial, su apertura al diálogo con la ciencia y su énfasis en la autodisciplina consciente le permiten atravesar culturas y épocas sin perder su esencia. Más allá de modas o simplificaciones, el haṭha yoga sigue ofreciendo un camino profundo para quienes buscan comprenderse a sí mismos a través del cuerpo, la respiración y la atención.

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