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¡VIVE TU EXPERIENCIA YOGA! Te invitamos a experimentar el yoga, es una fabulosa disciplina, sistema, y método integral y holístico, que transforma cuerpo, mente y consciencia, desarrollando tu máximo potencial. Podemos definir al yoga como "sarvāṅga sādhana", una práctica para todo el cuerpo basada en técnicas psicofísicas. También es "antaraṅga sādhana", una práctica interna, para trascender la mente por medio de la concentración y la meditación. El yoga nos lleva así a la salud del cuerpo, la serenidad de la mente, la paz del espíritu y la plenitud de la vida.

domingo, 1 de febrero de 2026

YOGA TERAPÉUTICO: ACOMPAÑAR EL PROCESO NATURAL DE SANACIÓN por Maximiliano A. Pellotta

Hablar de yoga terapéutico o yogaterapia implica, ante todo, cambiar la manera habitual en que entendemos la salud y la curación. No se trata simplemente de aplicar técnicas para aliviar un síntoma, sino de acompañar a una persona en un proceso más amplio, que involucra su cuerpo, su mente, su historia y su modo de vivir en el mundo. La yogaterapia surge precisamente de esta mirada integradora, donde la práctica del yoga se pone al servicio de la comprensión y transformación del sufrimiento humano.

En toda situación terapéutica confluyen al menos tres elementos fundamentales. Por un lado, la persona que busca ayuda, con sus condiciones físicas, emocionales y mentales particulares. Por otro, el terapeuta, que no es solo alguien con conocimientos técnicos, sino alguien dispuesto a escuchar, observar y acompañar desde una comprensión profunda del yoga. Finalmente, la terapia misma, que no es una técnica aislada, sino el espacio vivo que se crea cuando estos dos aspectos interactúan de manera consciente.

Para que este proceso sea verdaderamente eficaz, el yogaterapeuta necesita comprender qué le sucede a la persona, cuál es su perturbación y, en la medida de lo posible, cuál es su origen. Aquí aparece una pregunta clave: ¿Qué significa realmente «curar»? ¿Es suficiente con eliminar un síntoma para que alguien se sienta mejor, o la curación implica algo más profundo?

En un primer nivel, toda terapia tiene un aspecto paliativo. Aliviar el dolor, reducir una molestia, generar un estado de mayor comodidad es necesario y valioso. Cuando una persona sufre, encontrar alivio inmediato mejora su calidad de vida y le permite recuperar cierta estabilidad. Sin embargo, este alivio suele ser transitorio. Si la causa del problema no se aborda, el síntoma tiende a reaparecer, a veces con mayor intensidad.

Por eso, la yogaterapia no se detiene en el alivio momentáneo. Su segundo nivel es verdaderamente curativo: busca trabajar sobre la raíz del sufrimiento. Esto implica preguntarse qué factores están generando o sosteniendo el problema. En el caso de un dolor de espalda, por ejemplo, no basta con indicar algunas posturas que reduzcan la molestia. Es necesario observar hábitos posturales, tensiones emocionales, tipo de actividad física, nivel de estrés, descanso, alimentación y hasta la manera en que la persona se relaciona con su entorno.

A este enfoque se suma un tercer aspecto fundamental: la prevención. La yogaterapia no solo intenta resolver un problema actual, sino ofrecer herramientas para que ese estado de sufrimiento no se repita en el futuro. Educar a la persona para que comprenda su propio funcionamiento y pueda cuidarse a lo largo de la vida es una responsabilidad central del terapeuta. En este sentido, la yogaterapia es también un proceso educativo: no se trata solo de «tratar» un problema, sino de acompañar a alguien en el aprendizaje de una relación más consciente consigo mismo.

Este enfoque exige considerar múltiples factores. Cada persona tiene una constitución particular, tendencias genéticas, una edad determinada, un contexto social y laboral específico. No es lo mismo abordar un desequilibrio en un adolescente que en una persona mayor, ni tratar a alguien con una vida sedentaria que a quien trabaja bajo presión constante. Por eso, la yogaterapia es necesariamente holística: reconoce que en todo problema intervienen varios factores y que no siempre es posible conocerlos todos, pero sí muchos de ellos.

Desde la perspectiva del yoga, existe en cada ser humano una capacidad natural de autorregulación y sanación, vinculada a la energía vital o pránica. El rol del yogaterapeuta no es «curar» en un sentido externo, sino crear las condiciones para que ese poder curativo inherente pueda actuar. Dicho de otro modo, se trata de eliminar los obstáculos que impiden que los procesos naturales de equilibrio se manifiesten.

En este contexto, el concepto de nāḍī śuddhi resulta central. La purificación de los canales por donde circula la energía vital es un proceso dinámico de vitalización. Cuando estos canales están bloqueados (aśuddhi), la energía no fluye adecuadamente y aparecen desequilibrios. Cuando se produce la purificación (śuddhi), el fluir se vuelve limpio y natural, y la vitalidad se restablece. Patañjali describe este proceso como el resultado de una práctica sostenida y consciente de los distintos elementos del yoga, realizada con presencia y continuidad (anuṣṭhāna).

Toda práctica de yoga, cuando se realiza con atención y constancia, tiene un efecto purificador. A medida que los bloqueos se disuelven, los procesos vitales se reorganizan y la conciencia se vuelve más clara. Esta claridad no solo permite una mejor salud física y mental, sino que abre la posibilidad de una comprensión más profunda de uno mismo. Solo cuando el cuerpo y la mente funcionan de manera armónica es posible indagar en aquello que tradicionalmente se denomina espíritu.

Desde esta perspectiva, restablecer la salud no es el único ni el último objetivo de la yogaterapia. La mejora en la calidad de vida es importante y, para muchas personas, suficiente. Sin embargo, el horizonte del yoga es más amplio: apunta a una comprensión más profunda del ser. Aunque no todos los pacientes estén interesados en este aspecto, el terapeuta necesita tener clara esta meta para orientar su trabajo con coherencia.

El ser humano no puede separarse de su entorno. Es cuerpo y mente, pero también es naturaleza y sociedad. Lo que sucede en el mundo afecta directamente su equilibrio interno. Textos como la Bhagavad Gītā reflexionan sobre la acción en el mundo y ofrecen claves para actuar sin ansiedad ni frustración. El yoga aparece allí como un método para evitar el sufrimiento innecesario, no retirándose de la vida, sino viviéndola con mayor conciencia.

En este sentido, la yogaterapia considera al menos cuatro aspectos fundamentales de la vida cotidiana: una alimentación adecuada —no solo en cantidad, sino en calidad y actitud—, una actividad física equilibrada, una actividad mental saludable y un ritmo adecuado entre sueño y vigilia. Estos factores influyen directamente en el equilibrio de los guṇa-s y, por lo tanto, en la salud integral.

Las prácticas del yoga actúan profundamente sobre la mente a través del cuerpo y la respiración. El āsana no solo flexibiliza o fortalece, sino que modifica la manera en que respondemos a los conflictos. Las tensiones emocionales suelen expresarse primero en el cuerpo: músculos que se contraen, respiración que se agita, posturas que se rigidizan. Prácticas como śavāsana enseñan a soltar estas tensiones y a reconocer cómo el cuerpo refleja los estados mentales.

El prāṇāyāma ocupa un lugar central en este proceso, ya que la respiración es el puente entre cuerpo y mente. Las emociones se expresan a través del ritmo respiratorio, y al aquietar la respiración, la mente también se aquieta. Cuando la mente se estabiliza, se vuelve posible la concentración y, con ella, una transformación más profunda.

El verdadero cambio terapéutico ocurre cuando se actúa sobre la mente, utilizando el cuerpo y la respiración como aliados. Por eso, la yogaterapia produce efectos físicos y fisiológicos —relajación muscular, regulación de la presión arterial, mejora del sistema nervioso—, pero su impacto más profundo se da en el plano mental, donde suelen originarse muchos de los desequilibrios.

Finalmente, es importante recordar que el tiempo de contacto directo con el terapeuta es limitado. Una sesión semanal puede orientar y acompañar, pero la verdadera práctica ocurre en la vida cotidiana. Lo que la persona come, cómo se mueve, cómo piensa, cómo descansa y cómo se relaciona con su entorno es tan importante como lo que sucede durante la sesión. La yogaterapia, en última instancia, es una invitación a integrar mente, cuerpo y sociedad en un proceso consciente de cuidado y transformación.

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